¿Y si dijeras “Basta Ya”…?

¿Y si dijeras “Basta Ya”…?

Decidir un quiebre ¿Cuántas veces has dicho “estoy hart@ de continuar con mi pareja”, o “estoy hart@ de seguir trabajando más de 12 horas y no tener tiempo para mi vida familiar o personal”, o “estoy hart@ de seguir fumando y poner en riesgo mi salud”, o “estoy hart@ de continuar con este estrés”, etc., etc.?

Y sin embargo, ¿cuántas veces has dicho “¡basta ya!” para plantarte y cambiar esa situación? ¿Quizá te gustaría decirlo y no te atreves…? ¿Quizá pienses que las cosas se arreglarán solas…?

Bien, pues debes saber que ese “¡basta ya!” que quizá desearías decirte, podría significar el pistoletazo de salida para alejarte de esa situación crítica que existe en tu vida personal o profesional, y en la que estás sobreviviendo a duras penas; y también para acercarte a una nueva situación, completamente diferente, en la que vivirías mucho más feliz. A ese “¡basta ya!”, en Coaching se le llama “quiebre”.

Para entender mejor lo que significa un “quiebre” en la vida de una persona, grupo u organización, te invito a leer la siguiente historia:

 Un maestro Zen paseaba por un bosque con su discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al joven monje sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera… Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni tampoco puntos de comercio, ¿cómo hacen para sobrevivir?

El señor tranquilamente respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaquita, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”

El joven monje, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un buen día, el discípulo ya independizado de su maestro, agobiado por la culpa decidió regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy amable.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacía unos años atrás. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Impresionado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (antiguo dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”

¿"Tu vaquita"?

 Quiebre vs. Zona de Confort:

Cuando nos conformamos solo con sobrevivir, estamos renunciando a ser felices y abundantes, y de esta manera nuestro mundo queda reducido a lo que la “vaquita” nos pueda dar. Y así es como nos mantenemos inertes en nuestra paupérrima zona cómoda o “zona de confort”, en la que aunque infelices, funcionamos en piloto automático, sin esfuerzos y sin preocuparnos de tener que aprender a hacer nada nuevo.

Por tanto, un “quiebre” significa quebrar, romper esa “zona de confort”. Lo cual supone abandonar actitudes, comportamientos, cosas y situaciones que, si permitimos que sigan formando parte de nuestra vida, nos impedirán progresar para obtener un mayor bienestar.

Y podemos quebrar esa zona de confort por dos razones: 1) porque ya no soportamos el dolor que nos produce vivir en ese estancamiento, o 2) porque hemos visualizado otro tipo de vida que nos va a permitir crecer y ser más felices. En cualquiera de los dos casos (alejarse del dolor o dirigirse al placer), supone desarrollar un liderazgo y compromiso personal para abandonar la “comodidad” de lo conocido y explorar nuevas opciones.

Por ello, siempre será menos doloroso aceptar y decidir proactivamente, con calma y una adecuada planificación, el momento de un final o el cierre de un capítulo en tu vida, que esperar a que alguien o algo exterior a ti, llegue a ponerte en una situación complicada y difícil. No quiero ni imaginar como tuvieron que sentirse los dueños de la vaquita, cuando descubrieron que se habían quedado sin ella.

Generalmente las personas que inician un proceso de Coaching es porque ha ocurrido una situación de quiebre en su vida (ruptura de una relación, despido de trabajo, crisis financiera, etc.) o bien porque han tomado la decisión por propia voluntad de hacer un quiebre en su vida y desean producir un cambio en ella para alcanzar ciertas metas y aumentar su nivel de felicidad.

Y en este sentido el Coaching ayuda a gestionar tanto los quiebres sobrevenidos, como también a anticipar los que se van a producir, apoyando al coachee (cliente) en la toma de conciencia de su situación, de sus objetivos, y facilitando la elaboración de planes de acción que le ayuden a superar con éxito las diferentes etapas para que todo en su vida vuelva a fluir con calma y “comodidad”.

¿Y tú, seguirás con tu “vaquita”? ¿Continuarás pensando que más vale “vaquita” en mano que ciento volando? o ¿Estás dispuest@ a sacrificarla? ¿Qué te está impidiendo deshacerte de ella? y… ¿A qué estás renunciando por no hacerlo…?

¡Ánimo, atrévete a decir “basta ya”!

Esther Alonso
Coach Personal y Ejecutivo

 

 “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”
Abert Einstein

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